miércoles, 25 de febrero de 2015

Al mediodía

Lo conocí en el parque. Estaba pasando a su lado cuando, con un rostro visiblemente perturbado, me pregunto qué hora era. Nunca llevo puesto mi reloj, de lo contrario siento la tentación de ver a cada momento la hora, así que me tardé más de lo usual en responderle. Mientras lo buscaba en el bolso vi cómo miraba desesperadamente hacia el cielo, como asustado de algún evento cercano. Son las 11:30 a.m. Pareció sentirse un poco aliviado. Miró al suelo y adelantándome un poco me preguntó si estaba muy larga. ¿Muy larga? Respondí. Sí, ¿todavía está larga la sombra? Aclaró. Con un poco de nervios por una pregunta tan poco común respondí sonriendo que sí y que todavía lo estaría un rato más. La cara de alivio desapareció para dar pié a una resignación y posteriormente al mismo rostro perturbado de hacía unos minutos.

Yo acababa de terminar de correr así que seguí mi camino a paso descansado. Viré el rostro de vez en cuando para ver al personaje que me seguía involuntariamente, caminando cabizbajo y que también a ratos miraba hacia atrás. Era un anciano. Sin poder quitar mi atención de él finalmente me detuve y le pregunté si había algo que podía hacer para ayudarlo. Sentí su mirada burlona sobre mí, seguido de una mueca en sus labios que en el momento no supe si era una sonrisa o era que los estaba apretando con discreción. Nadie puede ayudarme, joven, estamos atrapados en los eternos ciclos y no podremos salir hasta que se vaya la oscuridad, contestó. Un poco confundido le sonreí y le pregunté nuevamente que si de todas formas no quería que le ayudara en algo. Sorprendido por mi insistencia me invitó a caminar a su lado y me dijo que mirara hacia arriba.

Cada día, al amanecer, despertamos de un largo sueño oscuro
para entrar en la etapa de luz. Durante las primeras horas, y hasta 
el mediodía vivimos libres de sombras y somos plenamente nosotros.
Éstas, sin embargo, nos vigilan muy de cerca, sin separarse nunca
de nosotros, hasta el punto de entrar nuevamente en nuestro cuerpo
justo a la mitad del día, para recordarnos que están ahí... Que no se
han ido a ningún lugar. Que hagas lo que hagas, la oscuridad estará
ahí, acechando. Durante esa hora nos sentimos cansados y a veces 
tenemos que reposar el cuerpo fatigado, cansado de batallar. En las
horas de la tarde vuelven a salir para darte un respiro, pero todo es
un gran engaño, joven. En la noche regresan con más intensidad y 
apenas se va la luz inundan todo cuanto es posible ver y lo llenan
todo de sombras. Esas son las horas más oscuras, y ¡hay de los
 sensibles como yo que sufrimos con cada anochecer! Mi noche es 
una lucha entre el bien y el mal, donde obviamente llevo las de 
perder. Y vivo viendo el reloj para contar las horas que me quedan
conmigo mismo, sin que nada esté dentro de mí. 

Detuvo su relato para mirar hacia abajo. Ya casi era mediodía y las sombras apenas eran visibles. Consulté mi reloj solo para advertirle, pero en cuanto levanté la cabeza lo vi corriendo hacia un árbol bastante distante, diciendo palabras inaudibles. Y yo me estremecí, cuando mi sombra fue poco a poco metiéndose en mi cuerpo, sintiendo algo hasta ahora desconocido.

domingo, 25 de enero de 2015

Sueño (in)corpóreo.

He salido corriendo presa de un extraño sentimiento,
con una imagen recurrente de un horizonte inalcanzable, aunque inmóvil.
Bajo mis pies hay una sensación suave y agradable.
Siento como se me hunden los pies, como cangrejos en la arena.

Andando en varias direcciones, evitando a toda costa la línea recta,
he seguido imágenes de grandes monumentos circulares oscuros
y he llegado a ellos, sólo para descubrir que veo otros aún más lejos,
mientras un desierto vasto y cálido se mueve al ritmo de mi respiración.

Me he dormido contemplando las estrellas, exhausta de jugar,
 abrigada por el gran desierto, a salvo del frío y de los miedos.

Al despertar no he podido evitar sonreír,
al descubrir que estaba corriendo por tu espalda.


jueves, 23 de octubre de 2014

Para tener un álbum desgraciadamente inolvidable

Primero tenga a la mano una cámara fotográfica. No... Más importante que la cámara es tener al menos un momento que lo haga llorar después, cuando se acabe, cuando dentro de mucho tiempo usted esté buscando entre sus archivos el currículo de su hermanita menor para enviárselo al jefe de su amiga que está en busca de una nueva asistente de planificación que lo ayude a planificar la ruina de otras personas. Entre los documentos habrá un archivo que por su nombre críptico y su imagen tan pequeña usted no logrará distinguir. Así que abrirá el archivo, y ahí está la foto. Maldita sea. 

Pero sigamos, después de que usted se vea acorralado por ese momento Kodak® no tendrá más remedio que tomar la foto en cuestión. Respire profundo, abra bien la boca y pele los dientes, o bese a su pareja, déjese abrazar, en fin, pretenda, pretenda. Inmortalice de mentira lo que morirá de verdad. Si ve la foto y no le gusta, bien sea porque no refleja suficiente felicidad, porque usted no se peinó ese día o simplemente porque no-es-real, repita el proceso, para eso es la tecnología. Acto seguido, devuelva su rostro a la normalidad. Haga este proceso cada vez que se encuentre en momentos especiales hasta que finalmente cuente con una cantidad sustanciosa de imágenes que conformen el desgraciado álbum. 

Si pasado el tiempo usted no quiere volver a abrir este álbum por accidente pero aun así no quiere borrarlo, le recomiendo ponerle un nombre que no llame la atención, que sea discreto, que no le provoque abrir hoy, ni mañana, ni nunca. Un nombre como "System 33". Y si, por el contrario, usted fue bastante descuidado y cada vez que vuelve a buscar el famoso currículo se encuentra con uno que otro álbum por allí, ábralo, mírelo largos minutos, llore si quiere, pero por amor a Dios, siga con su vida. Es solo una foto. Es solo un maldito álbum. Son recuerdos que toman vida mientras usted los ve, pero ya no existen. Ya no existen.


23 de Octubre de 2014.

Delirio Onírico

He muerto cientos de veces justo cuando me encuentro en la cumbre de la vida; me he visto a mí misma deleitando lo imposible, la utópica felicidad, el irreal misticismo, la alegría, la armonía, y justo ahí, he caído en el abismo.

Estoy segura que ya lo sabes, pues obras de manera premeditada, dando una puñalada certera, limpia y profesional. Me he perdido en laberintos infinitos, aunque tan pequeños, y he vuelto al mismo lugar. Todos construidos por ti: el irrevocable arquitecto.

Ingenuamente te he catalogado como humano en varias ocasiones, pero no me engañas más. No eres más que un ausente, un punto suspensivo, una culpa... y no hay nada peor que una culpa. Aquella ha llevado a los hombres a las más deplorables devociones, como la religión insensata e ilógica; aquella ha llevado también a centenares de hombres a la locura, aunque corro el riesgo de caer en un eufemismo.

Te filtras cauteloso y paciente, constante, pero silencioso. La roca no se debilita por una gota de agua, pero espera un tiempo a que caigan millones de gotas sobre el mismo punto en la roca y verás lo que sucede. La roca se cansa, la gota gana.

Pero has perdido. He descifrado tu juego. No puedo hacer nada para borrarte, pero sí que puedo hacer algo para modificar tu recuerdo. Olvidas que somos computadoras emocionales. Lo único que debo hacer es girar la realidad, torcerla. Es bastante simple, la verdad, y mira como pierdes.

7 de Marzo de 2012.

Caracas, ciudad de... gente apurada

-Retazo-

Amanece en la metrópoli. Se comienzan a dibujar los suaves contornos del viejo y hermoso cerro El Ávila y, con él, los demás contornos de los cientos/miles de edificios que forman parte del circo cotidiano. Ya las alarmas hace rato que sonaron, las casas huelen a café instantáneo y arepa (si es que hay algo pa' comer). Se aglomera la gente en la puerta del metro  -¿A qué hora abre esta vaina?, y algunos ya van en camino al trabajo en otro medio de transporte. Si tienen suerte, llegan sin mayor inconveniente a sus destinos. A los que hacen vida un poco más tarde no les va tan bien. Entre forcejeo y empujones ven cómo se la resuelven para montarse en algún medio de transporte que los lleve al trabajo. Si te consigues algún conocido en la calle, el saludo es rápido y entrecortado -¡Épale, Fulano! ¿cómo estás?, pregunta que nunca tiene respuesta (ni que te importe mucho) porque Fulano va muy apurado y ni hablar de ti. Una vez en tu trabajo, pasas las siguientes 8 horas pensando qué harás para llenar tanto tiempo de "productividad" (no todos tienen la suerte de amar su trabajo y saber qué hacer todo ese tiempo). ¿Para esa vaina ibas tan apurado?

La hora pico es de lo más simpática (y triste). Si algún día tiene la oportunidad, siéntese un rato en una parada clave de autobús, donde lleguen muchos empleados a la hora de salida y vea, observe, lo infeliz que se torna la bendita hora pico.


2012.

miércoles, 12 de junio de 2013

Adolescencia


En nuestro cuarto no hay espacios
para siempres ni nuncas.
No se alquilan camas para pasiones eternas 
Ni oxidados romances.
Tampoco se dan besos por limosnas 
Ni caricias obligadas.

Aquí todo está lleno de cambios,
de 'hoy esto, mañana lo otro'.
No hay espacios para pasados ni futuros.
Este cuarto está lleno de presentes
Y se vive y se duerme un día a la vez.
Se encuentra lleno de locuras, risas,
Culpas, peleas y reconciliaciones.

Espero jamás llenar este espacio con otra cosa.
Que esté lleno, mientras exista, de ti
Y a veces de mí.



12 de Junio de 2013.

domingo, 29 de enero de 2012

Disociadez

Es hora de algo alegre
no tan melancólico
ni tan abstracto
ni tan pesimista

Sí, porque últimamente lo que hay es
gente pesimista.
Adonde quiera que voltee,
a mi derecha 
 a mi izquierda
abajo
arriba

Pero cómo carajos no encontrar pesimistas
si adonde quiera que voltee lo que hay es mierda

A veces emergen de la tierra
las esperanzas.
Gente, gente que salva
gente bonita
en fin, esa gente

Pero luego está la otra
a mi derecha
a mi izquierda
en la diagonal

Yo soy una optimista de corazón
pero el corazón no siempre está en lo correcto

En fin, dios los bendiga a todos.
(Y jódanse)



29/01/2012 (Original)
23/10/2014 (Modificado)

martes, 22 de noviembre de 2011

Satélites

Es tan difícil avanzar sin retroceder, recomenzar habiendo borrado todas las migajas de ti. Es una maldición (o una bendición) con nombre y apellido, con fecha, olores y colores; con despedida, con sabores amargos, con traiciones. Es tan difícil soltarte y aún así, hace tanto que dejaste de retenerme. Caminas a mi lado siempre, aunque a veces estés tan silencioso... y triste. Siempre triste. A veces olvido que vas conmigo, pero no pasa mucho tiempo para voltear mi rostro y mirarte; ver que sigues allí.


Cómo nos gusta torturarnos, querido. Parece que ya pasó una vida, pero en realidad fue hace tan poco. Somos satélites de un mismo planeta, de una planta marchita que nosotros mismos dejamos morir. Satélites que no se tocan, ni lo harán, creo distinguir. Te veo de lejos, amor, y sé que también me observas. Y mientras más te alejas más te olvido y peor es el golpe cuando te recuerdo. Pero ya no molesta. ¿Por qué no cierras tú esta vez?

"No te has ido a ningún lugar; todavía estás aquí, en todas partes. Eres inexorable, como el polvo en el viento; eres como la estrella en el cielo, que puede no ser vista durante el día, pero allí está, en la inmensidad de mi universo, presente todos los días de mi vida, inmutable".


viernes, 21 de octubre de 2011

Vaciadero

Basta. Aquí le doy un alto al torbellino de voces que gritan sin cesar. Esos entes que desequilibran y que se hacen llamar a sí mismos emociones. Seres elaborados, manufacturados, construidos y manipulados desde el momento que nacemos. ¿O es que acaso uno siente como quiere? ¿Qué son las emociones sino el reflejo individual de una actitud social, sino mediática? En este preciso instante se libra una batalla dentro de la mente humana de la que soy víctima habitante. Es la razón la que habla y ciertamente que no me dejan salir muy seguido en estos espacios. Este es el vidrio que romper en caso de emergencia. Este es el 911 24 horas. Y he aquí mi manera de salirme, aunque sea por un momento, de la batalla absurda de egos. La pelea de -mí contra mí misma- que tendrá un ya conocido final. Cuántas veces habré intentado liberarme sin lograrlo. Es tan terrible el miedo a convertirme en un ser frío y racional, que me he refugiado en otro, ajeno a mí; aquél que irónicamente se instaló cómodamente en lo más profundo de mis entrañas. Soy la eterna presa de las emociones. Pero nadie lo sabrá.

Y como siempre, todavía es de noche.



21 de Octubre de 2011.

sábado, 24 de septiembre de 2011

En blanco y negro

      Me gustaría decir que es fácil la elección de un instrumento, pero la verdad, he visto dejar caer en el olvido tantos mensajeros extrasensoriales que he llegado a la conclusión de que es algo que no puede pensarse demasiado. A simple vista puede parecer una contradicción; digo, si no puede pensarse demasiado debe ser fácil, ¿no? No.

No digo que la labor esté limitada a un grupo de personas, ni mucho menos que estas no tengan la capacidad de tocar cualquier instrumento. Sin embargo, sí diré que el sexto sentido, la intuición, el je ne sais quoi, el tercer ojo situado en todo el centro de la mitad del medio de algunos terrestres parece estar atrofiado, pisoteado, ignorado; y todo parece ser culpa del materialismo excesivo... Pero ese es otro tema para otro momento del té con Consuelo. La verdad, la intención no es en absoluto quejarme; en su lugar propongo una serie de simples reglas para elegir al fiel compañero: 

              De cómo adoptar ángeles huérfanos

La primera cosa que usted debe entender sobre estos seres -a partir de ahora los llamaré así- es que provienen de ningún lado, o mejor dicho, no son humanos (lo siento, pero me veo parcializada hacia esta idea cada vez que veo lo que son capaces de hacer). Por esta simple razón se desarma cualquier argumento de usar la razón para elegir uno. Es algo que debe sentirse; una conexión inalámbrica entre el más allá y el más acá.

Los seres necesitan tiempo y dedicación -no se desespere y sea paciente-, algo así como criar un hijo y adaptarse a sus exigencias (claro, obviando la parte de criar al hijo, algo que le dejo a los valientes). Necesitan ser escuchados, entendidos. Pero no se preocupe, en contrapartida obtendrá al escucha más atento que habrá conocido en su vida, al conversador más locuaz, a la fuente eterna del entendimiento y la compasión. 

Del alimento ni se preocupe. En esto los seres son bastante fáciles de complacer, pues se alimentan de emociones y sentimientos. Fácil, ¿eh? Lo mejor es que no discriminan, no hay tal cosa como seres con indigestión de tristeza o felicidad. 

Por último -y no menos importante- ámelo; como si fuese la última esperanza de la humanidad (estoy convencida de que lo es); como si en él se refugiase toda la nobleza aparentemente perdida de este mundo sin sentido; como si fuese el último trozo de isla en la inundación de la avaricia y la frialdad; como si al brindarle su tiempo y dedicación no existiese más nada. Ámelo.


Recuerde que vinieron a este abstracto mundo a alegrarle la vida, a darle un sentido a sus películas mentales en blanco y negro, a ser la lluvia en medio de la extrema sequía, a darle una lección sobre pasión, creatividad y belleza. Sobre todo de belleza. 







miércoles, 7 de septiembre de 2011

De cómo correr tras un vagón en movimiento

Lunes, 29 de agosto 2011.


             Desde el comienzo del día ya se sentía un ambiente a toma de decisiones oportunas; era ahora o nunca. Y así fue como emprendí el viaje a la estación de trenes, sin saber cuál vía agarrar ni a qué hora me iba. Sola con mi deseo de viajar. Me vestí para un nuevo comienzo, pensando en un muy probable final y fui a verlo. Eso sí, me gustan las estaciones de trenes. Son la mejor metáfora de las oportunidades. Sereno y pasivo, entre habladuría y risas, entre silencios, a veces nerviosos, así pasó el día con él. El equipaje, pecando tantas veces de innecesario y absurdo. Es como llevarse los problemas viejos, las nostalgias añejadas. Esa vieja maleta, ese antiguo equipaje, lo dejé en casa. Realmente no quería que se terminara el día e hice miles de cosas para tenerlo conmigo un rato más, pero ya saben, las despedidas llegan. Compré el boleto. Le dije a la señorita que escogiera un destino al azar y me lo entregara en un sobre; uno que dijera afuera solo las especificaciones del tren. Y así comencé a caminar. 

Nunca he sido fanática de las despedidas; son tan tristes... Como flores marchitas. Más si te gustan las flores. Allí estaba el tren, imponente, amenazador, pero llamativo, romántico, tentador. Lo vi por largos minutos y escuché los últimos tres llamados -¡Pasajeros del tren 29! ¡Todos a bordo!- Yo estaba inmóvil. Y entonces, comenzó a marcharse.

"Gracias por todo", dijo. Un abrazo inseguro, incierto. "Adiós, hasta luego". Y entonces, comenzó a marcharse.

Lo vi alejarse, a él, al tren, a mi aventura, a mi comienzo convertido en final tan repentino y me invadió un malestar. Comencé a dar mis primeros pasos de regreso a casa. Entonces algo pasó.
Todavía tenía el sobre en la mano. Lo abrí de manera apresurada y leí: "Último tren, última oportunidad". ¡Ah! Los impulsos son magníficamente hermosos. Se acelera el pulso, se abren muy bien los ojos y se está listo para correr. Y así lo hice.

Vuelta en ciento ochenta grados y corrí. Ya no lo veía, pero seguí algún rastro, un aroma, quizás; y entonces un atisbo, apenas una visión. Corrí tras él hasta que tuve el valor de hacer contacto y alcancé la baranda del último vagón.


Toqué su hombro.
  Temblaba de los nervios en la baranda.
     No sabía qué decirle.
        Me agarré con todas mis fuerzas.
          Un intercambio de miradas confusas.
             Subí también el resto del cuerpo.
               Y ya no vi hacia atrás.


Después de todo no perdí el último tren; ni la última oportunidad.
               

*Agradecimientos especiales a Henry Ojeda por darme la metáfora del tren*

sábado, 20 de agosto de 2011

Diario de un insomne


Esconderse de día,
Taparse los arrepentimientos
Meter la cara en la tierra
Y respirar la inmundicia
            por esconderse

Liberarse de noche,
Darse de bruces con la vida
Que parece inmóvil
Olvidar las tragicomedias del cotidiano
            por liberarse

Notar las diferencias
Entre la brisa de la noche
Y la asfixia del día
Sofocarse de normalidades
Alimentarse de la quietud y lo desconocido

Enfocar un punto, enfocar un recuerdo
Enfocar el infinito, enfocar la solitud
           disfrutar la solitud

¿Qué sería de los soñadores sin la noche?


sábado, 4 de junio de 2011

Mientras todo se mueve y yo me detengo

Cuando el tiempo se detenga,
¿será todo oscuridad?
¿Es que acaso no vemos las cosas por el resultado
del movimiento de la luz?
¿Qué es el color sino el reflejo de un rayo que viaja?

Y si flota la duda en el aire, descubrirás que no será oscuridad,
pero no habrá en ese momento ni un cambio en la imagen.
Estático el paisaje. ¿Lo soportarías? 

Cuando el tiempo se detenga,
¿no habrá sonido alguno?
¿O es que todo sonido que en el momento del evento estuviese vibrando
se perpetuaría al infinito, como un silbido penetrante?
Y si a todos los sonidos les pasara lo mismo,
¿no sería tan estridente y tormentoso que al cuerpo no le quedaría más remedio que bloquear la audición?

Cuando el tiempo se detenga,
¿sentiremos algo?
Quizá pase como con los sonidos, y se perpetúe la última sensación.
El roce del aire; quizá un escalofrío infinito.
Quizás conservemos el olfato,
¿O se desvanecerá el aroma del verano?

Nada puedo asegurar.
Lo que me aterra saber es que cuando esto suceda,
no latirá ni un corazón, no se moverá ni una ola,
no  habrá lluvia, ni amor, ni odio,
                                                                     ni nostalgia,
y habrá libertad; tanta, que sea lo que sea lo que haya detenido el tiempo,
no soportará tal absurdo y deseará el caos; que haya lluvia, odio, amor y nostalgia
que vuelen los pájaros, que rompan las olas
que sople la brisa, que hablen las locas.
Pero que no se detenga.
Que el ritmo se lleve la vida.
Somos movimiento y cambio,
 ¿os dáis cuenta?